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CONTAR HASTA 10

CONTAR HASTA 10

Las opiniones sobre las consecuencias del Covid-19 tanto a nivel particular como a
nivel colectivo son dispares. Las hay objetivas y subjetivas, lógico, nadie ha vivido
semejante experiencia con anterioridad y salvo excepciones, en menor o mayor medida,
todos los estratos sociales vamos a vernos salpicados por su irrupción, psicológicamente
y económicamente.

En todo caso lo que resulta evidente es que la frustración del momento (y quien dice
momento, dice meses) va a tener más sombra que cuerpo. Así que no está de más hacer
una llamada a la calma para evitar que la impotencia, la rabia o el miedo cojan las
riendas de la situación, y acentúen la ya por si justificada percepción de excepcionalidad
que nos embarga a la mayoría.

Diez segundos. Ese lapso de tiempo es el que nos separa de actuar de una manera
impulsiva o el que nos frena para actuar de una forma más meditada, “pensándolo dos
veces” antes de decir o hacer algo de lo que nos podamos arrepentir.

Así que aquí os dejamos algunos consejos de cosecha propia para llevar a cabo dicha
hazaña:

  • Leer un correo, mensaje, un par de veces antes de enviarlo, empatizar con nuestro receptor
    de tal manera que la ira no sonroje nuestros remordimientos. Ponerse en su
    lugar.
  • Levantarse e ir a buscar un café, o entregarse a cualquier menudez que nos
    permita airear nuestro enfado. Una vez aireado retomamos lo que estábamos
    haciendo.
  • Morderse la lengua”. Hay una frase que se atribuye a Aristóteles que nos puede
    venir muy bien para el caso: El sabio nunca dice todo lo que piensa, pero piensa
    todo lo que dice. Y mientras nos la mordemos, y los latidos de nuestro corazón
    recuperan su velocidad de crucero, meditamos nuestra respuesta.
  • Y quizá la más importante de todas, escuchar en lugar de sentir. No convertir
    en murmullos los argumentos de nuestro interlocutor. Dejar que la conversación
    fluya sin anticipar respuestas premeditadas. Que la falta de tiempo no se
    convierta en la excusa para no dar una oportunidad a las oportunidades.

 

Obviamente, la decisión es vuestra. A nuestro entender resulta evidente que sulfurarse
con nuestros allegados, clientes o empleados puede que sirva como desahogo liberador,
pero cuando esa sensación se desvanece, que se suele desvanecer, la sensación que la ha
causado se agrava, pues una vez contamos hasta diez, somos conscientes de que en
realidad solo hemos tirado más leña al fuego.